Evolución de las técnicas

Durante la Edad Media europea, si bien los perfumistas existían como comerciantes especializados en Francia, en general, la elaboración de los perfumes en el continente formaba parte de las tareas de los boticarios, y de su venta se ocupaban los merceros, que eran los encargados de envasarlos en frascos. Hacia el siglo XVI, coincidiendo con el movimiento humanista que inauguró el Renacimiento, comenzó a extenderse el uso de los perfumes como reflejo del nuevo espíritu cultural. Paralelamente a la moda de llevar colgadas del cuello o de la muñeca piedras de ámbar cinceladas en oro y plata, con formas de pera, granada o bellota, y con varios compartimentos para otros tantos perfumes secos, que los cruzados trajeron de Oriente, el desarrollo de la destilación y la difusión de las esencias volátiles propició la fabricación de nuevos tipos de envases.

En Venecia, las fábricas de cristal de Murano, alentadas por este impulso y por su temprano comercio con Constantinopla, elaboraron preciosos frascos de vidrio blanco, ligeramente opaco o con filigranas. Los avances con este material para los frascos de perfume se produjeron en el siglo XVII, cuando en las fábricas de Bohemia se obtuvo a partir del cuarzo un cristal lo suficientemente duro como para que pudiera ser tallado, teñido, grabado o dorado. En ese momento histórico, y en el marco de un nuevo auge de la porcelana promovido en Francia por la Compañía de Indias, también se produjeron con este material pequeños frascos de perfume de bellos e intensos colores rojos y azules.

El empleo de la porcelana en los envases de perfumería tuvo continuidad en el siglo XVIII, cuando las fábricas francesas y las austríacas de Viena y alemanas de Meissen elaboraron coquetos frascos antropomorfos; y las de Inglaterra, con formas de cisnes y cupidos. Junto a los frascos, algunos con un compartimento para el perfume líquido y otro para bolas perfumadas, se difundieron así mismo otros objetos de perfumería. Entre ellos cabe citar las cajas de madera, plata dorada, ágata y otros materiales, labradas o engastadas con piedras preciosas o perlas.

Particular éxito alcanzaron las llamadas «vinagreras», cajitas de plata dorada o ágata en las cuales se conservaban esponjas empapadas en vinagre aromático, y que a finales del siglo XIX tuvieron una original versión en las «bergamotas» de Grasse. Éstas eran cajitas hechas con la cascara perfumada de la Bergamote mellarose, que se adornaban con motivos populares y en las que se guardaban frascos de perfumes u otros elementos de perfumería.fraganciasLekythos griego decorado, empleado para fragancias y ungüentos.

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