Frascos clásicos y modernos

El perfume se ha asociado desde siempre al lujo y la distinción, motivo por el cual los frascos han venido siendo auténticas obras maestras de la artesanía, realizadas con materiales preciosos. La moderna industria de la perfumería se esfuerza por escapar a la estandarización mediante la originalidad del diseño.

El antiguo pueblo egipcio era muy aficionado a los perfumes, de los que disponía de una gran variedad en forma de aceites, cremas y ungüentos. En un principio, los sacerdotes eran los únicos autorizados para proveerlos, razón por la cual suelen ser considerados los primeros perfumistas artesanos, y lo hacían en una gran variedad de envases: botellas, frascos, jarrones y pomos de cristal, alabastro, ónice, pórfido y otros materiales preciosos y duros, que, en el caso de los usados en el ritual religioso, podían llevar grabados el nombre del dios a quien se dedicaba la ofrenda aromática; también empleaban cajas de madera labrada o de marfil de las más diversas formas, incluso con dos o más compartimentos destinados a otros tantos perfumes o cosméticos. Los asirios y los caldeos, así mismo, guardaban en pomos de cristal o alabastro las esencias líquidas, y en cajas de calcedonia o de porcelana, los ungüentos, para disfrutar de «los buenos olores» cuando había pasado la primavera. Los caldeos, que hicieron de Babilonia el mayor mercado de perfumes de Oriente, sentían tal predilección por ellos que hasta en los banquetes reales disponían cazoletas con perfumes.

Los fenicios, impulsores de la industria del vidrio, produjeron bellos frascos de perfume adornados con florones. Los romanos, valiéndose de la técnica del soplado de vidrio, fabricaron así mismo frascos y ampollas de perfume de vidrio irisado azules y amarillos. Como los griegos, también dispusieron de pequeños pomos y frascos de oro, ónice y alabastro de los más variados diseños, como el frasco en forma de pera llamado que llevaban a los baños. Los árabes, que se convirtieron en los más famosos productores y mercaderes de perfumes antes de la era musulmana y que, al parecer, aportaron el alambique para la destilación, dedicaron especial atención a los envases.

Su costumbre de rociar a los visitantes de la casa con agua de rosas los llevó a inventar el gulabán o rociador, pequeña vasija de cuello estrecho y largo, hecha de cristal, barro, oro o plata ricamente labrados, que pasó al tocador de los turcos y puede ser considerado como el antecesor primitivo de los modernos pulverizadores. fraganciasEn Corinto y Rodas se han hallado numerosas vasijas de arcilla para perfumes. Es probable que esta vasija de cristal coloreado contuviera también esencias en su época.

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