Sobriedad en la década de los veinte

La firma estadounidense DeVilbiss presentó un lujoso atomizador en un estuche negro forrado interiormente con un tejido de seda. Al año siguiente, en 1921, el June de Roses, de Morny, apostó por un lujo sobrio con una caja de cartón negro en la que sólo resaltaba una pequeña etiqueta dorada en el centro, para albergar un frasco de cristal transparente, cuyas líneas y diseño de etiqueta evocaban el Art Nouveau. Pero, en 1924, el lanzamiento del Chanel N°5 en una elegante y sobria caja de cartón cuadrangular, con ribetes negros en sus bordes, sintetizaba y reforzaba el moderno diseño del frasco y la audaz propuesta de su perfume. En la misma línea, aunque recreando el aire de misterio oriental, se encuentra la caja de cartón negro y dorado del Liu que, en 1929, diseñó Baccarat para Guerlain.

En el año 1938, Dubarry presentó el perfume Dancing Time, que evocaba el glamour de Hollywood de la década anterior. El frasco, con un tapón de plástico de color marfil y de rosca, era de líneas estilizadas y se asentaba sobre un soporte también de plástico de color marfil, con las figuras de dos bailarines que recordaban a Fred Astaire y Ginger Rogers. La caja que contenía este perfume era de cartón azul, con estampaciones que sugerían el firmamento estrellado, y llevaba una etiqueta redonda con la marca y otra rectangular con el nombre del perfume.
La baquelita se reveló como un material versátil para algunos embalajes, como el del perfume Kobako, lanzado por Bourjois en 1936.

El artista español Eduard Fornells diseñó unas cajas de baquelita tan bellas y originales que se llegaron a comercializar separadas del perfume. También con baquelita se hicieron interesantes packaging, como el sombrero y el dado que contenían el perfume Mischief, de Saville. Un caso especial de botella y estuche diferentes pero complementarios es Le Roy Soleil, de Schiaparelli, creado por Salvador Dalí en 1946. La botella, de cristal de Baccarat, recordaba un paisaje marino, con las olas azuladas y rocas doradas; el tapón era el sol rodeado de rayos.

El estuche, aún más fantasioso, tenía la forma de una concha metálica dorada forrada de satén irisado que, al ser abierta, ofrecía el perfume como si fuera una perla. En la actualidad existe en el mercado una versión más sencilla de Le Roy Soleil, cuyo estuche de cartón está decorado con una litografía alusiva de Salvador Dalí. En general, los modernos diseñadores desarrollan los envases de los frascos de perfume como un elemento que, además de su función de embalaje, resalta las cualidades del producto y la marca. Se trata de cajas y estuches de líneas sobrias que, en los casos correspondientes, hacen hincapié en el lujo y la originalidad del contenido.agua de coloniaEn ocasiones, los diseñadores han sido grandes artistas: Salvador Dalí se encargó de esta combinación de estuche y frasco de Schiaparelli.

Artículos relacionados