Vanguardismo y diseño

La labor de artistas escultores del vidrio cambió el rumbo de la producción de las más importantes fábricas de cristales francesas, entre las que destaca Baccarat, creada en la localidad homónima en 1764 bajo los auspicios de Luis XV para competir con los productos de cristal de Bohemia. A finales del siglo XIX, la dirección de Baccarat apostó por la producción de alta calidad de frascos y tapones para perfumes dentro del estilo Art Nouveau para satisfacer la demanda de clientes como Houbigant, Guerlain, L. T. Pivert y Patou, a los que más tarde se añadieron Schiaparelli, Elizabeth Arden y Christian Dior, en tre otros. Para mantenerse en primera línea, la fábrica contrató en 1920 al escultor Georges Chevalier, quien firmó algunas de las más importantes creaciones de la década. Algunos de los envases más notables manufacturados por Baccarat son los siguientes: Astris, de L.T. Pivert; L’Heure Bleue y Mitsouko, de Guerlain; Essence Rare, de Houbigant; Joy, de Jean Patou; Nuit de Noel, de Caron; it’s You, de Elizabeth Arden; Liu, de Guerlain; Sleeping y Le Roy Soleil, este último con diseño del pintor Salvador Dalí, de Schiaparelli, etc.

La década de los veinte estuvo marcada por el final de la Primera Guerra Mundial, el triunfo de las vanguardias artísticas y la irrupción de la mujer en el mercado laboral. Así mismo, la sociedad europea parecía querer olvidar el drama bélico y vivía el momento con intensidad y alocada euforia. En este marco de transición histórica convivieron en el diseño el Art Nouveau y los rasgos oníricos del surrealismo, y apuntaron las líneas sobrias, dinámicas y precisas de la modernidad. Y a este segmento pertenecen el frasco de Joy, producido por Baccarat para Jean Patou, y, sobre todo, el de Chanel N° 5; caracterizado por sus líneas limpias, su forma cuadrada y su sobria etiqueta blanca con letras negras.

Así mismo geométricas son las líneas del frasco de cristal negro con pequeña etiqueta dorada de Mon Studio, de Callista. Reflejo de ese momento es también el logotipo que diseñó Paul Iribe para Jeanne Lanvin, en el que aparecen ella y su pequeña hija Marie Blanche, y que se convirtió en un sello de marca, junto con sus frascos de cristal negro y de formas esféricas, como el del perfume My Sin, diseñado por Armand Rateau. La libertad que prevalecía en los diseños y que respondía al espíritu de la época, se manifestó en la gran diversidad de las formas que iban desde la simplicidad de líneas del N° 5, Mon Studio, L’Aimant, de Coty, hasta las más elaboradas, como el gato sentado con cabeza metálica de Corday o la corona real diseñada por Prince Matchbelli. Junto a estos envases también se produjeron otros que imitaban objetos cotidianos, como el cenicero del perfume Carnation, de Bristow, y la botella de coñac del Carnet de Bal, de Revillon.fraganciasEn 1932, el premio al mejor frasco del año recayó en el que Lalique había elaborado para Le Baiser du Faune de Molinard.

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