Boucheron

El primero de esta destacada estirpe de joyeros fue François Boucheron, quien en 1858 abrió un pequeño establecimiento en los céntricos jardines del Palais Royal. El éxito de su arriesgada empresa fue inmediato y al poco contaba ya entre sus adinerados clientes con personajes tan destacados como el barón Haussmann o la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.

Tras la muerte del fundador, Boucheron siguió ampliando el ámbito de sus actividades y pronto abrió sucursales en Londres, Nueva York e incluso Moscú. Convertido ya en uno de los nombres propios de la joyería a escala mundial, una buena muestra de su prestigio es el encargo que en 1930 recibió del sha de Persia para que estimara el valor de su legendario tesoro.

En la década de los sesenta, Alain Boucheron tuvo la genial idea de reunir joyería y perfume en un solo producto, un magnífico contenedor para cuyo diseño se inspiró en un antiguo anillo del siglo XIX. Encargó la elaboración de la nueva fragancia a la prestigiosa firma parisiense Firmenich, que salió airosa del empeño con un perfume a la vez clásico y novedoso, basado en la alternancia de notas voluptuosas (vainilla, sándalo) y burbujeantes (mandarina, naranja amarga). Fruto de tan inspirado matrimonio nacieron las joyas portaperfumes de Boucheron, tan apreciadas por su bellísimo diseño como por la inigualable fragancia que contienen. perfumeLa casa Boucheron se preocupa especialmente del diseño de sus frascos. En la ilustración, Jaïpur homme.

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