Guy Laroche

Nacido en La Rochelle en 1923, Laroche abrigó, desde muy joven, el sueño de viajar a París y triunfar como diseñador. Sin embargo, tuvo que dedicar sus primeros años en el mundo de la moda a la ingrata tarea de costurero, de los que; no obstante, Laroche heredaría el dominio del patronaje que tanto marcaría su producción posterior. En 1949 fue contratado por el prestigioso sastre Jean Dessés, y, cinco años después, se desplazó a Nueva York con la intención de vender algunos de sus primeros diseños.

La elegancia y el barroquismo de sus trajes encontraron en la industria del cine un buen cliente y, con el bolsillo repleto de dólares, regresó a París y abrió su primer taller. En dicha aventura contó con la colaboración de su buen amigo Valentino, que trabajó para él hasta 1960. Paradójicamente, el éxito de su experiencia americana tuvo el efecto de orientar sus gustos hacia una moda más desenfadada. Sus trajes se depuraron y acortaron, y Laroche se convirtió en uno de los abanderados de la nueva moda de los años sesenta, que alcanzó su máxima expresión en las minifaldas de Mary Quant. En 1966 firmó un contrato con el gigante de los cosméticos L’Oréal para comercializar fragancias con su nombre; el primer resultado de dicho acuerdo fue Fidji (1967).

Perteneciente a la familia Floral con notas hesperidadas, está considerado como el primer perfume expresamente diseñado para ser utilizado en verano, algo así como la primera fragancia «estacional». Tres años después aparecería Eau Folie, un agua ligera, y, en 1972; Drakkar, fragancia masculina dirigida a un padre de familia joven y dinámico. El éxito de dicho perfume fue tal que, un decenio después, Laroche comercializó una versión más potente, Drakkar Noir. En los años siguientes se lanzaron al mercado nuevas fragancias, como Yai Osé (1977) —comercializado en un bellísimo frasco diseñado por Serge Mansau—, Clandestine (1985) y, en 1993, Horizon, un perfume masculino diseñado según las indicaciones finales de Laroche, quien había fallecido víctima del cáncer, en 1989. perfumesGuy Laroche buscó una imagen joven y fresca para el perfume masculino Horizon (1993), que se refleja en el diseño naturalista del frasco y en las notas de salida de menta y mandarina de la fragancia.

Artículos relacionados