Issey Miyake

Oriundo de la tristemente célebre ciudad de Hiroshima (Miyake tenía siete años de edad cuando cayó la bomba atómica), estudió diseño gráfico en Tokio. Cuando en 1965 decidió trasladarse a París, ya había realizado encargos de confección para casas como Shiseido o Toray En la capital francesa trabajó para Guy Laroche y Givenchy, y vivió intensamente los acontecimientos de mayo del 68. Tras una breve estancia en Nueva York, en el taller de Geoffrey Beene, Miyake regresó a Tokio con una excelente formación como diseñador.

En 1970 presentó su primera colección, muy influenciada por su cultura natal tanto en la elección de los tejidos (seda, papel, caucho, cuero; pero también poliuretano y malla metálica) como en su manipulación, inspirada en el arte japonés del origami. Su clamoroso éxito convirtió Tokio en uno de los puntos de referencia de la moda mundial, al mismo nivel que París, Milán o Nueva York.

Yoshiharu Fukuhara; presidente del gigante de los cosméticos Shiseido, firmó con Miyake un acuerdo para comercializar una fragancia con su nombre. Sin embargo; el amor del diseñador por lo natural, lo sencillo y lo depurado chocaban frontalmente con la moda imperante en el campo de la perfumería, dominada en los años setenta y ochenta por fragancias intensas y penetrantes como Opium o Poison; en cierta ocasión, preguntado por su perfume preferido, Miyake respondió con la mayor naturalidad: «El agua». En 1991 apareció Escape, de Calvin Klein, una fragancia ozónica que hizo generoso uso de las cetonas para transmitir, muy vividamente, la frescura y la pureza asociadas al agua marina.

El éxito de Escape mostró a Miyake el camino que debía seguir, y un año después lanzó al mercado L’Eau d’Issey, una fragancia fresquísima, con notas de loto y nardo, que se convirtió en un clásico, igual que su complemento masculino, aparecido en 1994.perfumeL’Eau d’lssey: Issey Miyake sabía muy bien el concepto que su perfume debía transmitir: el olor del agua de lluvia, la transparencia del rocío y una fragancia no demasiado alcohólica, sin excesivos acordes perfumísticos. El reto para sus colaboradores consistía en crear una fragancia casi minimalista. Para lograr este efecto se recurrió a notas poco utilizadas en la composición de acordes florales, como la peonía, el loto, la freesia y el ciclamen. En el corazón del perfume, una nota de clavel le confiere el imprescindible impacto de vigor que destaca sobre la sutileza del conjunto.

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