Thierry Mugler

Nacido en Estrasburgo, Mugler se erigió a finales de los años setenta en el enfant terrible de la moda francesa, «distinción» que ostentó hasta la irrupción de Gaultier en los ochenta. Estudiante mediocre, con la mente siempre puesta en sus dibujos y diseños, se estableció en París como estilista independiente hasta que, en 1974, abrió su propio taller. Cuatro años más tarde presentó la primera colección,-dirigida, según sus propias palabras, «a las mujeres que no se esconden —y añadía—, para que se sientan no sólo cómodas, sino magníficas». Mugler, como muchos diseñadores jóvenes, ha tendido siempre a conceder más importancia al estilo y la personalidad que a la moda en sí: «La alta costura se toma a sí misma con excesiva seriedad», manifestó en una ocasión.

Así pues, no debe extrañar que su primera fragancia, Ángel (1992), propusiera una imagen alegre, sexy, cálida y vital. En este perfume destaca, sobre todo, una generosa dosis de pachuli que, combinado con la vainilla y el chocolate, resulta original a la par que sensual. La calidez de la fragancia contrasta con el diseño del frasco, una bellísima estrella azulada de cinco puntas ideada por el propio diseñador que se ha convertido en uno de los mayores aciertos de una propuesta, por lo demás, abiertamente enfrentada a las tendencias ozónicas y neutras predominantes en la perfumería de los años noventa.perfumesImagen de los diseños de Thierry Mugler. Un espectacular vestido plateado acompaña las estrellas azules que evocan su mejor perfume, Ángel.

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